Madres de Estados Unidos, Ucrania y Rusia, ¡salvad a vuestros hijos!
Este vídeo se puede ver también aquí: https://youtu.be/ZAhttyQCvfs
https://rumble.com/v7ei2lu-salvad-hijos.html
https://www.bitchute.com/video/TmgsQeGqFmwJ/
https://crowdbunker.com/v/rum76XHTrD
Queridas madres:
Vivimos en una época en la que se libra una guerra oculta contra los niños. ¿Quién, si no vosotras, los defenderá? ¿Qué hay que hacer primero? Clamar a Dios. ¿Y después? ¡Actuar con valentía en la fe! ¿Cómo concretamente? De ello se hablará más adelante.
La guerra contra los niños comienza incluso antes de que nazcan. A las mujeres embarazadas se les persuade insistentemente para que aborten. Si no ceden a la presión y el niño nace, inmediatamente después del nacimiento, muchas veces sin el consentimiento de la madre, se le administran vacunas, porque así lo establece la ley. Sin embargo, las consecuencias de la vacunación son trágicas, ya que las vacunas actuales no tienen nada que ver con las que se administraban a los niños en el pasado, como las contra la poliomielitis o la viruela. En el pasado, el autismo era prácticamente desconocido, mientras que hoy en día es un trastorno frecuente, especialmente entre los niños varones. Una persona con esta discapacidad mental queda excluida de la sociedad. Es un sufrimiento de por vida. Y eso que ya se sabe que el autismo lo causan principalmente metales como el aluminio, que contienen las vacunas. Sin embargo, se continúa con la vacunación, ¡y bajo la amenaza de la ley! Si os negáis a vacunar a vuestro hijo, pasáis a figurar en los registros de los servicios sociales y corréis el riesgo de que os quiten al niño. ¿Cómo es posible algo así? Además, se obliga a los niños y a los jóvenes a recibir vacunas que provocan enfermedades permanentes. ¿Cuándo, en el pasado, era habitual que los niños tuvieran fiebres de 40 °C durante el verano? Los padres se encuentran impotentes. ¿Acaso las leyes existen hoy para impedir que los padres puedan defenderse contra el terror? Las leyes deben proteger a las personas, no obligarlas a permitir que se mutile a sus hijos.
Sin embargo, la vacunación no es el único peligro. Incluso en los jardines de infancia se introducen programas que cambian la manera de pensar de los niños, de modo que una niña pequeña empieza a pensar que no es una niña, y un niño pequeño, que no es un niño. Estos programas están cuidadosamente concebidos para influir en la psique infantil sin que sus efectos se adviertan de inmediato. Por ejemplo, un programa que incluye la llamada «neuróbica» desestabiliza la mente de los niños hasta tal punto que se vuelven propensos a aceptar el transgenderismo.
Los programas promovidos por la ONU bajo el chocante título de «el placer sexual de los niños» están dirigidos incluso a niños de tan solo cuatro años o menos. Hay que protestar contra semejante perversión. ¡No guardéis silencio!
Incluso en ámbitos como la ropa infantil o los juguetes, en lugar de juguetes normales, las jugueterías están hoy en día llenas de monstruos prehistóricos que infunden miedo. Los niños llevan estas criaturas monstruosas, o incluso calaveras, estampadas en su ropa. ¿Quién promueve todo esto y por qué? Todo ello destruye la percepción natural de los niños, su capacidad de compasión, de amor desinteresado y de sacrificio. Como consecuencia, los niños acaban tomando el mal por bien y entran en la vida con esta forma de pensar distorsionada. Se vuelven cínicos e incapaces de apreciar los verdaderos valores. Los cuentos, que antes enseñaban a los niños a distinguir entre el bien y el mal, prácticamente han desaparecido. Los han sustituido dibujos animados nocivos, repletos de ocultismo, transgenderismo, violencia y una arrogancia que no respeta ninguna autoridad. Asimismo, los videojuegos, además de otros efectos perjudiciales, inculcan con frecuencia la crueldad en la mente de los niños desde muy pequeños. Por ejemplo, en uno de esos juegos, un hombre musculoso camina por la calle, da una patada a una mujer embarazada, un poco más adelante le da una patada a un niño, dispara contra otras personas… Luego vienen otros juegos con monstruos. Se trata de una contaminación deliberada de la psique humana con lo irreal, el mal y la insensibilidad, hasta anular por completo la conciencia, de modo que la persona aprende a ignorar el hecho de que está cometiendo el mal.
La educación sexual es obligatoria en las escuelas. ¡Esto no es educación en absoluto, es una corrupción moral sistemática! Por otro lado, nadie prepara a los niños para la vida, y mucho menos para un matrimonio y una paternidad responsables. En cambio, se les prepara para aceptar plenamente el transgenderismo autodestructivo. Activistas transgénero buscan deliberadamente introducirse en las escuelas. Si en alguna escuela un profesor se niega a aceptar esta ideología, es despedido. Si los padres se oponen al transgenderismo, en Alemania, por ejemplo, este sistema criminal, les arrebata a sus hijos para siempre. Hoy en día, a los niños se les administra directamente en las escuelas un tratamiento hormonal para bloquear la pubertad. ¿Quién se hará responsable de las consecuencias? Queridas mujeres, queridas madres, ¡no guardéis silencio! ¡Organizaos y haced frente a estos crímenes y a quienes los cometen!
¡Los ideólogos del género convencen a los niños para que se sometan a cirugías de reasignación de sexo! ¡Pobres niños! ¡Quedarán mutilados de por vida! Ya no podrán formar una familia y sufrirán daños psicológicos permanentes. ¿Cómo es posible que las leyes permitan las operaciones de cambio de sexo? En algunos lugares, incluso los menores de edad tienen el llamado «derecho» a dejarse mutilar gravemente y de forma irreversible. ¡Estos son crímenes contra la humanidad, crímenes contra niños indefensos! ¿Por qué ocurren? ¡Porque están autorizados por las leyes! Queridas mujeres —madres—, ¡a través de vuestras oraciones y vuestras acciones, debéis lograr la derogación de estas pseudoleyes criminales!
Además, en Occidente se está consagrando en la legislación e implantando, a través del sistema de justicia juvenil, los servicios sociales y el llamado GREVIO, un sistema criminal destinado a arrebatar niños a sus familias. Las estadísticas relativas a este mecanismo de extrema crueldad son estremecedoras.
En Francia, el sistema de justicia juvenil retira a miles de niños de sus familias. Se oculta cuántas madres han terminado ingresadas en centros psiquiátricos o se han suicidado. En el 90 % de los casos, el motivo para retirar a un niño de su familia es el llamado «amor asfixiante». Por ejemplo, en Noruega, un país de cinco millones de habitantes, cada año se suicidan 70 niños que han sido arrebatados a sus familias. Ya en 2012, en virtud de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, a todos los padres de Noruega se los privó por ley de sus derechos parentales. Cada día, el sistema de justicia juvenil separa definitivamente a 33 niños de sus padres desesperados.
En Finlandia se produce una tragedia familiar casi cada semana. En abril de 2011, en la ciudad de Ikaalinen, un padre, llevado por la desesperación, mató a tiros a su esposa y a su hijo y luego se suicidó, mientras un brutal comando de la justicia juvenil irrumpía en su casa para quitarles a su hijo. En octubre de 2011, en la ciudad de Varkaus, un padre, presa de la desesperación, mató a puñaladas a su esposa y a su hijo de diez años, mientras los servicios estatales de protección de menores derribaban la puerta de su vivienda. En noviembre de 2011, en una situación semejante, un padre mató a sus dos hijos en el municipio de Tyrnävä. En diciembre de 2011, en la ciudad de Vantaa, un padre mató a sus hijas de cinco y ocho años cuando los trabajadores sociales se acercaban a su casa para llevárselas. En diciembre de 2011, en la ciudad de Kouvola, mientras los agentes de la justicia juvenil forzaban la puerta, la madre, desesperada, mató a sus hijas de cinco meses y tres años. El 7 de septiembre de 2012, las autoridades de «protección» de menores de Vantaa arrebataron por la fuerza a Anastasia Zavgorodnaya sus cuatro hijos: su hija de seis años, sus gemelos de dos años y, por último, su bebé recién nacido. La madre relata: «Verónica lloraba, yo la sostenía. Entonces los trabajadores sociales llamaron a la policía, y esta me arrancó a la niña de las manos. A mí me sujetaron por los brazos y me arrastraron a la fuerza por el pasillo. Estaba en el noveno mes de embarazo; esperaba el nacimiento de mi cuarto hijo. Tiraron a mi marido al suelo, le pusieron las manos a la espalda y lo esposaron. Mientras tanto, los piratas de los servicios sociales nos quitaron a nuestros gemelos de dos años. Una semana después del parto, estos piratas nos arrebataron también a nuestro bebé recién nacido».
De los 1260 niños rusos trasladados a Italia en el marco de la denominada «adopción internacional», la policía solo logró localizar a cinco. El exministro italiano del Interior Maroni confirmó que estos niños habían sido vendidos para la extracción de órganos, es decir asesinados.
¿Hasta dónde hemos llegado? ¿Qué clase de leyes son estas que legalizan las formas más crueles de sustracción de niños? ¿Cómo pueden existir leyes que impongan pseudopandemias acompañadas de vacunaciones experimentales —leyes que, en la práctica, permiten causar daños a la salud e incluso atentar contra la vida—? Durante la campaña del covid, la medicina se reveló como un instrumento de destrucción. ¡La imposición de vacunas de ARNm tiene consecuencias de gran alcance!
Y, sin embargo, todo debe seguir denominándose con términos positivos. ¿Cuándo se arrancará por fin la máscara y quedará al descubierto lo que se oculta tras la actual legislación criminal?
No solo la legislación, sino también otros ámbitos de la vida pública —como la sanidad, la educación, la cultura y la economía— se están asentando sobre falsos fundamentos, que causan daños morales y físicos a los ciudadanos y conducen a su destrucción.
Teléfonos inteligentes
Los teléfonos inteligentes son el mayor peligro para los niños hoy en día. Las tecnologías actuales están orientadas a cambiar la forma de pensar de los niños, lo que los lleva a caer en distintas adicciones. De esta esclavitud interior no pueden liberarse y, con el tiempo, ni siquiera quieren hacerlo. Los teléfonos inteligentes contienen innumerables juegos destructivos que conducen al cinismo, la arrogancia, la violencia, la inmoralidad, la depravación e incluso al satanismo y al suicidio. Este cambio programado de pensamiento y comportamiento desestabiliza por completo la psique. Los niños pierden la noción de su propia identidad, se abren al transgenderismo y a otros sistemas falsos que fomentan en ellos conductas autodestructivas y los llevan incluso a la delincuencia. Al mantenerlos en un mundo de irrealidad, estas tecnologías les hacen perder el sentido de la responsabilidad por las malas acciones que cometen en la vida real. Por ejemplo, en la República Checa, durante un recreo escolar, unos chicos derribaron a otro chico al suelo, le dieron patadas y lo golpearon y, cuando ya no respiraba, uno de ellos exclamó: «¡Levántate! ¡Todavía te quedan tres vidas!».
Por lo tanto, los mayores criminales de hoy son los creadores de estas tecnologías destructivas, cuyo objetivo es lograr un cambio de mentalidad que destruya todos los valores de la vida e imponga una ideología de la muerte.
¿Qué hacen hoy las madres? En su mayoría, sin darse cuenta, colaboran en la destrucción de sus propios hijos al comprarles ellas mismas un teléfono inteligente, para mantenerlos entretenidos y no tener que dedicarles tiempo. A menudo, incluso un niño muy pequeño ya sabe buscar juegos en el teléfono, y todo termina en un griterío cuando su madre se lo quita, aunque solo sea por un momento. Otras veces, una madre empuja un cochecito pero no presta ninguna atención al niño porque no deja de buscar todo tipo de cosas interesantes en el teléfono. La relación entre madre e hijo queda así relegada a un segundo plano, porque la relación de la madre con su smartphone ocupa el primer lugar. Esto lo expresa muy acertadamente un vídeo en el que un niño dice: «Mamá está en casa, pero no está aquí: se ha metido en internet».
Se dio incluso un caso absurdo: una madre empujaba un cochecito mientras estaba absorta mirando algo en su teléfono; el niño se cayó del cochecito y ella ni siquiera se dio cuenta.
Hasta qué punto puede llegar esta adicción queda patente en el caso de un niño que hoy tiene diez años y que desde los dos era esclavo del smartphone. Lo tenía constantemente delante de los ojos, hasta que un día le salió un extraño tumor en la nariz. Para evitar que el niño muriera, tuvo que someterse a una operación especial en la capital. La operación salió bien, pero el niño —igual que antes— no podía vivir sin el smartphone. Al cabo de un tiempo, el tumor volvió a formarse y fue necesaria otra operación. Después de la intervención, el niño volvió a pasar todo el tiempo con el teléfono inteligente, y el tumor apareció por tercera vez, esta vez debajo del ojo, y se extendió por todo el rostro hasta la mandíbula. La operación fue muy complicada. Los padres se dieron cuenta de que la causa de la enfermedad era la radiación del smartphone. Además, ya había antenas 5G y redes wifi por todas partes. Ante la urgente advertencia de un familiar después de esta tercera operación, solo pudieron responder impotentes: «Pero es que ya no puede estar sin el smartphone».
Los médicos señalan que, anteriormente, en una ciudad de mayor tamaño, se registraba aproximadamente un caso de tumor cerebral en niños pequeños al año. En la actualidad, se registran al menos dos casos al mes.
Los estudiantes que todavía no se consideran adictos al teléfono inteligente afirman que pasan entre seis y nueve horas al día mirando su pantalla. Quienes ya son esclavos del smartphone, según dijo una joven, lo miran prácticamente todo el tiempo. El smartphone se ha convertido en un arma devastadora que deshumaniza a gran escala y de este modo destruye, sobre todo, a los niños y a los jóvenes.
Las madres deberían exigir la aprobación de una ley que prohibiera el uso de teléfonos inteligentes a los niños y adolescentes menores de quince años y estableciera sanciones severas por su incumplimiento. La ley debe redactarse de tal manera que no se pueda abusar de ella con fines de control total de la población.
En algunos lugares, por ejemplo en Italia, los teléfonos inteligentes están prohibidos en las escuelas. Incluso algunas de las personas que estuvieron en el origen de estas tecnologías restringían a sus propios hijos el uso de teléfonos inteligentes y redes sociales, porque eran conscientes de sus efectos perjudiciales.
A los jóvenes hay que darles una educación positiva y motivarlos, porque una disciplina sana exige renuncia a uno mismo. Incluso las relaciones humanas normales requieren cierto grado de abnegación y sacrificio. Hay que mostrar a los jóvenes el sentido de la vida, pero también su brevedad, así como la realidad de la muerte, del juicio de Dios y de la eternidad. Los jóvenes aceptarán una formación sana. Vivimos en tierras de un cristianismo apóstata; nuestros abuelos y bisabuelos eran cristianos practicantes que vivían por la fe y eran capaces de llevar las cruces de la vida. Llegaban incluso a tener diez hijos y sabían criarlos bien. ¿Por qué? Porque todo el entorno era cristiano. Hoy en día, el entorno es hostil al cristianismo, pero también lo es a un modo de vida sano. ¿Quién pone todo esto patas arriba y conduce a la humanidad a la autodestrucción? ¿Quién priva a las personas de la razón y de la conciencia y las convierte en seres inhumanos? Todo esto son crímenes contra la esencia misma de la naturaleza humana.
Una madre o una abuela que se preocupa por sus hijos y nietos debe esforzarse, tanto mediante la oración como mediante la amonestación y la advertencia, por sacar a sus hijos y nietos de las redes en las que han caído. Los teléfonos inteligentes son el principal medio de difusión de una ideología destructiva: la ideología de la inmoralidad, de la depravación y de la muerte. Todos los programas destructivos deberían bloquearse tanto en internet como en los teléfonos inteligentes. El teléfono inteligente priva imperceptiblemente a la persona del verdadero sentido de la vida. Una cosa es utilizar internet o un teléfono inteligente exclusivamente por motivos laborales, y otra muy distinta convertirse en su esclavo.
Hoy es necesario crear a escala mundial una unión de mujeres y madres que alcen unidas su voz, especialmente en Estados Unidos, pero también en Rusia y Ucrania. Que exijan leyes justas que protejan a los niños. Y, sobre todo, ¡que clamen a Dios! Entonces Dios les dará fuerza y gracia. Para ello es necesario que las propias madres hagan penitencia por lo que han descuidado al no haber clamado a Dios pidiendo ayuda durante tanto tiempo y al haber guardado silencio incluso ante estos crímenes. Permitieron así su legalización y, por ello, han alcanzado proporciones catastróficas. Si no se actúa de inmediato, ¡mañana será demasiado tarde! Vuestros hijos se convertirán en esclavos.
Una persona deshumanizada se enfrenta a la trágica perspectiva de caer en las drogas y acabar suicidándose, algo que el teléfono inteligente puede llegar a presentarle de manera sugestiva como una salida.
La Santísima Madre de Dios quiere ayudaros, queridas madres, pero debéis acudir a ella. Ella presentará vuestras súplicas a Dios y las unirá a su propio sufrimiento: al sufrimiento de la Madre al pie de la cruz del Salvador moribundo. ¿Qué debéis hacer como penitencia? Se necesita muy poco: basta con incorporar a vuestra jornada un ritmo de breves pausas de oración de unos cinco minutos: por la mañana al levantaros, luego a las 9, a las 12, a las 3 de la tarde, a las 6, a las 9 de la noche y antes de acostaros. El mismo Salvador, Jesucristo, nos da ejemplo de seguir este ritmo de oración a lo largo del día. Podéis rezar cualquier oración cristiana. Especialmente eficaz es el acto de contrición perfecta.
Y otra tarea, mediante cuyo cumplimiento manifestaréis vuestro arrepentimiento por indiferencia ante los crímenes contra los niños, es comenzar a organizar en vuestro pueblo o ciudad, cada primer domingo del mes, marchas penitenciales. Al principio, salid al menos dos o tres de vosotras a la calle con una imagen de la Madre de Dios y una pancarta con el lema: «Madres, ¡salvemos a nuestros hijos!». Recorred el pueblo o una parte de la ciudad en una procesión de la cruz o en una marcha penitencial, y pedid junto con la Madre de Dios por la salvación de la futura generación, que está condenada a la deshumanización y a la autodestrucción. Perseverad durante todo un año, es decir, doce domingos penitenciales.
¿Acaso las mujeres —las madres— no pueden conseguir que se apruebe una ley que proteja a los niños de quienes los roban y de su destrucción planificada? ¡Sí que pueden!
Queridas madres, exigid con firmeza la derogación de las leyes que legalizan el arrebatamiento de niños y las intervenciones quirúrgicas para cambiarles el sexo. Exigid asimismo una ley que prohíba el uso de teléfonos inteligentes a los menores de 15 años.
Mujeres y madres, ¡no dejéis que os arrebaten la oportunidad de salvar a los niños! Sabéis que una persona sola poco puede hacer; por eso, formad asociaciones de madres. Perseverad durante los doce primeros domingos de mes y comenzad vosotras mismas a rezar siete veces al día, en breves momentos de oración.
+ Elías
Patriarca del Patriarcado católico bizantino
+ Metodio OSBMr + Timoteo OSBMr
obispos secretarios
15 de agosto de 2026
Descargar: Madres de Estados Unidos, Ucrania y Rusia, ¡salvad a vuestros hijos! (15-8-2026)
