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La segunda palabra de la cruz: «De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.» (Lc 23, 43)

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1. La reflexión sobre la Palabra de Dios:

Uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. El otro le reprendió diciendo: ¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos; pero éste no hizo ningún mal. Y dijo: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino. Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. (Lc 23, 39-43)

“Jesús …”, el malhechor fija sus ojos en el rostro torturado de Jesús. Sobre la nariz y el lado derecho del rostro hay las heridas causadas por un golpe del palo, excoriaciones en los párpados y las cejas, una hinchazón en la mejilla, la nariz que sangra, contusiones y heridas de la piel. Su cara está empapada de sangre de las arterias en la cabeza, que fueron atravesados por las espinas. Las heridas en las manos y los pies están sangrando. El malhechor oye las burlas y blasfemias de los soldados, oye al otro malhechor colgado en la cruz. Él también oye las blasfemias de la jerarquía soberbia. El malhechor, sin embargo, consciente de su propio pecado, miró a los ojos de Jesús, creyó en Él y pronunció con fe: “¡Jesús!, acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino”. Así él también confesó ante todos que Jesús es realmente el Hijo de Dios. Sólo Él perdona los pecados y nos hace partícipes del Reino de Dios. Era una confesión pública y gloriosa de Jesús ante sus enemigos, que se burlaban de Él.

Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. Jesús tomó sus pecados sobre sí mismo y lo salvó. Jesús en todo tiempo quita los pecados de las almas de aquellos que confiesan que son pecadores y llaman con la fe en Su nombre: Jesús. En arameo Yehoshua significa: Dios es salvación. Su Madre, los apóstoles y todos los demás lo llamaban con este nombre.

Tres cruces fueron vistos en el Gólgota. En la cruz central se estaba muriendo el único Justo ―Jesús―. El resto de la humanidad se estará muriendo ya sea como malhechor impenitente, sin Jesús, o como el malhechor penitente. ¡Pero no debo esperar el momento de mi muerte física, tengo que empezar hoy mismo a morir al pecado! ¿Cómo? De la manera que lo reconozco, lo condeno y voy a creer en el poder del Cordero que quita el pecado del mundo.

Todos somos pecadores, pero crucial es si hemos hecho lo que hizo el malhechor penitente: él recibió a Jesús y creyó en Él.

2. La recitación de la Palabra de Dios (5 min):

Miro en el rostro torturado de Jesús. Todos repetímos: “Por mis pecados estoy condenado a la muerte. ¡Jesús, acuérdate de mí!”

3. La oración de acuerdo a la Palabra de Dios (5 min):

Todos decimos juntos: “¡Creo en ti, Jesús!”, y uno añade: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”. (Lc 23, 43)

4. La oración del corazón (5 min):

Todos llamamos: “Ye-ho-shu-aa-aa-aa [*]. Ahora me doy cuenta: “Tú, Jesús, ahora me has perdonado todos mis pecados”.

 

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[*] La pronunciación original del nombre de Dios, como los contemporáneos de Cristo lo han pronunciado así como la Virgen María, suena “Yehoshua”.

La “h” en el nombre Yehoshua se pronuncia aspirada igual que en alemán e inglés (por ejemplo en la palabra “holy”).

¿Cómo invocar el nombre de Dios con la fe? Al exhalar pronuncia la sílaba “Ye” y date cuenta de la presencia de Dios el Padre; al exhalar el segundo tiempo, pronuncia la sílaba “ho” y date cuenta de la presencia de Dios el Hijo; al tercer tiempo “shu” y date cuenta de la presencia de Dios el Espíritu Santo; y finalmente exhala “aaa” sin producir un sonido. Entonces después de inspirar exhala “aaa” otra vez, y luego la tercera vez tratando de experimentar personalmente la verdad dada.

 

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Descargar: La muerte y resurrección de Jesucristo (la oración contemplativa)

 

 

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