Francisco Bergoglio y los líderes políticos anunciaron el 15 de septiembre de 2022 el programa de la religión globalista de la Nueva Era en una declaración de 35 puntos
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El documento final de 35 puntos del Congreso en Kazajistán es una especie de carta magna de la religión mundial de la Nueva Era. Fue proclamado por Francisco Bergoglio junto con numerosos miembros de la hermandad masónica mundial que asistieron al Congreso.
Cita: «Nosotros, los participantes del VII Congreso —líderes espirituales de religiones mundiales y tradicionales, políticos, jefes de organizaciones internacionales— guiados por nuestro deseo compartido de un mundo próspero…».
Políticos y jefes de organizaciones internacionales, es decir, los masones actuales, también se han sumado a esta religión globalista. Estos líderes no están guiados por el deseo de la salvación de las almas inmortales, sino por el deseo de un mundo próspero. En realidad, ni siquiera se trata de prosperidad, porque en los próximos días podemos esperar el «gran reinicio» planeado previamente, es decir, lo opuesto a la prosperidad. Las demás declaraciones del documento final también contienen muchas manipulaciones fraudulentas que conducen al trágico fin del individuo y de la humanidad.
El primer día, Bergoglio reveló en medio de muchas frases grandilocuentes: «El mundo necesita un líder…». ¿Quién debería ser el líder político y religioso del mundo? La estructura política y de poder ya está preparada. ¿Debería ser Francisco? ¿O Francisco n.º 2, n.º 3, o alguien más? La Biblia advierte de la llegada del hijo de perdición —el anticristo—.
En sus discursos en Kazajistán, cuando hablaba de lo espiritual, de lo trascendente, etc., el pseudopapa no mencionó ni una sola vez a nuestro Salvador Jesucristo. Ni siquiera mencionó los principios morales universales o las justas leyes y mandamientos de Dios. Ya no tienen cabida en esta nueva religión, aunque se proferirán frases altisonantes sobre ellos.
El dios que Bergoglio presentó en la reunión no es el Creador del universo y del hombre. Francisco se entregó al diablo bajo la guía de un chamán en Canadá. Entronizó al demonio Pachamama en el Vaticano junto con brujos y brujas de la Amazonía. El pseudodios de Bergoglio no es nuestro Padre y el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que se hizo hombre por nosotros y por nuestra salvación, murió por nosotros y resucitó de entre los muertos. El pseudodios y la pseudoespiritualidad de Nursultán están al servicio de la globalización y derogan el primer mandamiento del Decálogo: «No tendrás otros dioses delante de mí» (Dt 5, 7).
La nueva religión promueve la ideología de género, donde un hombre ya no es hombre y una mujer ya no es mujer; sin embargo, se ha mencionado hipócritamente la necesidad de la familia. Este pseudodios y pseudoreligión legalizan y privilegian la inmoralidad y el crimen y castigan a los inocentes como fóbicos. Esta religión de la Nueva Era predica un antievangelio coronavírico y ecológico promovido por Francisco que trae la maldición de Dios sobre la tierra (Ga 1, 8-9). En esta religión, como él ha dicho, el sexo es sin rigidez, es decir, sin restricción alguna.
El objetivo final de esta religión de la Nueva Era es el infierno en la tierra y el infierno después de la muerte. Esta religión se basa en la mentira, porque su dios, el diablo, es el padre de la mentira (Jn 8, 44). A todos los que rechacen al Dios verdadero y al único Redentor dado por Dios y que se nieguen a arrepentirse les espera el infierno eterno después de la muerte. Bergoglio no advierte de él, es más, impone el camino que conduce allí. Esta religión de la Nueva Era ha sido diseñada por arquitectos globalistas que promueven un solo gobierno, una sola moneda y una sola religión.
Lo que más necesita cada persona es saber qué hacer para salvar su alma inmortal. El Evangelio de Cristo da una respuesta clara a esto. La salvación está intrínsecamente relacionada con nuestro Redentor Jesucristo. Él tomó sobre sí la fuente del mal de la naturaleza humana corrupta, así como todos nuestros pecados, y ofreció una justa satisfacción por ellos como verdadero Dios y verdadero hombre. La condición de salvación para nosotros es:
1) tengo que reconocer mi pecado ante mí mismo y ante Dios
2) tengo que creer que Jesús es el Hijo de Dios y el único Salvador que me redimió y me liberó de mis pecados.
Nuestra fe también se manifiesta al invocar el nombre de Dios. Las Escrituras testifican: «Todo aquel que invoque el nombre de Dios (Yehoshua), será salvo» (Rm 10, 13). Esta verdad fundamental acerca de nuestra salvación ya no tiene cabida en la religión de la Nueva Era.
Esa fue una breve reseña de la declaración de 35 puntos que sirve de fundamento de la pseudoreligión globalista. Se supone que debe unir a los cristianos, judíos y musulmanes apóstatas. Hindúes, budistas, animistas y demás paganos no tendrán ningún problema en formar una unidad con esta religión que adora al diablo y los demonios. Pero, ¿cuál es el final de este camino de rechazo a la verdad, rechazo al verdadero Dios y rechazo al arrepentimiento? El final es trágico: el lago de fuego para siempre.
+ Elías
Patriarca del Patriarcado católico bizantino
+ Metodio OSBMr + Timoteo OSBMr
obispos secretarios
16 de septiembre de 2022
